Molestias digestivas durante el verano

Conoce los factores que influyen en tu bienestar digestivo.

MIPor Mireia Galtés
Molestias digestivas durante el verano

¿Por qué aumentan las molestias digestivas en verano?

Durante el verano es muy común sentir más pesadez, hinchazón, gases, reflujo, estreñimiento o digestiones lentas. Esto no quiere decir que nuestro sistema digestivo “funcione mal”: el calor, la deshidratación y los cambios en la rutina pueden volverlo más sensible.

Regular la temperatura es una prioridad para el cuerpo

Ante el calor intenso, el cuerpo pone en marcha mecanismos para enfriarse: incrementa el flujo de sangre hacia la piel, sudamos más y se esfuerza por mantener estable la temperatura interna.

En estas condiciones, una comida abundante, rica en grasas o pesada en general requiere justo lo contrario: un mayor aporte de sangre al aparato digestivo para mover el estómago, producir jugos digestivos y absorber nutrientes.

Por eso, algunas personas pueden sentir que su sistema digestivo recibe menos prioridad. La digestión no se detiene, pero puede sentirse más lenta, pesada o incómoda porque el cuerpo está concentrado en regular la temperatura.

Al sudar más, perdemos más agua

Durante el verano aumenta la sudoración y perdemos más líquidos y sales minerales. Si no nos hidratamos de forma adecuada, o si terminamos perdiendo por el sudor todo lo que bebemos, pueden producirse cambios en el tránsito intestinal.

Esto puede favorecer el estreñimiento, ya que, cuando nos falta hidratación, el cuerpo intenta conservar agua y absorbe más líquido en el intestino. Como resultado, las heces se vuelven más secas y duras, y cuesta más expulsarlas.

Además, cuando sudamos mucho sin reponer adecuadamente los líquidos y las sales minerales, algunas personas pueden percibir cambios en el movimiento intestinal, junto con sensación de hinchazón y pesadez.

También puede presentarse dolor de cabeza o sensación de cansancio si la hidratación es insuficiente, sobre todo cuando hace mucho calor y la sudoración es elevada. 

Por esta razón, cuando hace calor y no nos hidratamos adecuadamente, podemos notar digestiones más lentas, más pesadez abdominal y menos energía.

Nuestras rutinas cambian más

También tendemos a comer más fuera de casa, seguir horarios irregulares y consumir más alimentos fritos, helados, refrescos, botanas o porciones grandes por la noche.

Estos hábitos pueden favorecer la aparición de gases, reflujo, hinchazón y la sensación de una digestión más lenta.

Un ejemplo común son las ensaladas de papa con mayonesa: aunque parecen frescas, pueden sentirse más pesadas por combinar papa, salsas grasas y, en ocasiones, huevo o atún. Si además no se mantienen bien refrigeradas, pueden aumentar el riesgo de molestias intestinales.

Otro ejemplo son los alimentos fritos que comemos fuera de casa: suelen aportar mucha grasa y, en algunas personas, pueden asociarse con pesadez, acidez o hinchazón, sobre todo en los días más calurosos. Algo similar puede ocurrir con una parrillada abundante por la noche, con carnes grasas, salsas, pan y alcohol. Estas cenas tardías pueden asociarse con una mayor sensación de pesadez digestiva, porque el cuerpo ya está cansado y el calor aún se siente.

Por eso, durante el verano suelen caer mejor los platillos frescos, sencillos e hidratantes y en porciones moderadas.

Cuida los alimentos cuando hace calor

Las temperaturas altas hacen que algunos alimentos se echen a perder antes y que las bacterias puedan crecer más rápido. Por ello, es importante no dejar fuera del refrigerador preparaciones como tortillas de huevo, ensaladas de papa con mayonesa, salsas, platillos cocinados con huevo, carnes, pescados o lácteos.

¿Cómo favorecer la digestión durante el verano?

Una buena opción es ajustar las comidas al calor para facilitarle el trabajo al cuerpo. Si ya está ocupado regulando la temperatura, sudando y enviando más sangre hacia la piel, no conviene sobrecargarlo con comidas demasiado abundantes, grasosas o pesadas.

No se trata de comer menos sin razón, sino de escoger alimentos que aporten energía y nutrientes sin ser demasiado pesados. De esta manera, el cuerpo puede continuar regulando la temperatura sin que la digestión resulte tan pesada o incómoda.

Pequeñas acciones como tomar agua con jugo de limón, consumir más fruta entre comidas para mantenernos hidratados, evitar comidas demasiado abundantes todos los días y alternar las comidas fuera de casa con opciones caseras saludables pueden hacer la diferencia.

En definitiva, se trata de disfrutar el verano con una sensación de ligereza digestiva, energía y bienestar por dentro.